Los sucesores...

11/08/2009

¿Habrá alguna persona decente en Colombia (ya comenzamos mal) que no se sienta intimidada al ver esta foto? Es el futuro gabinete del preadolescente ex ministrico Andrés Felipe Árias, el mismo que le entregó los dineros de los pobres a los ricos y sin sonrojarse salió a decir que eso estaba muy bien porque eran los ricos quienes producían empleo. Lo que nunca explicó es por qué si estos ricos son tan altruistas cada día se enriquecen más mientras sus empleados a duras penas si pueden comer dos veces al mes.

Fíjense en quienes lo acompañan: a su derecha el hermanito mongólico de Álvaro Gómez Hurtado e hijo de Laureano y a su otra derecha (este hijueputa no tiene izquierda) el ladrón de Invercolsa y ultrareaccionario
Fernando Londoño Hoyos. El mismo que salió por la puerta trasera de un gobierno narcoparamilitar. ¿Cómo será de malo este asqueroso del Londoño que lo tuvieron que sacar de un gobierno paraco para que no les enlodara más la imágen?

¿Y atras? Los otros godos de porquería, los engendros del Opus Dei comenzando por el presidente de la Federación Nacional de Narcoganaderos y terminando por la sanguijuela que se chupó la dirección de estupefacientes de un país que lo único que produce es precisamente eso: basuco y heroína.

Esta es la opción que nos presentan para suceder al narcoparamilitar Álvaro Uribe Vélez y viendola detenidamente yo mejor le jalo a otra reelección. El hijo de Alberto Uribe Sierra es un angelito al lado de estos taimados criminales.

Un país (¿?) tiene que ser muy imbécil para permitirle a estos criminales hacer parte del poder, un país así no merece vivir.

Me alegra mucho

Me alegra muchísimo que Colombia haya perdido (por variar) la posibilidad de ser la sede de los Juegos Panamericanos 2015. Me alegra porque no hay derecho a traer a esos incautos deportistas a una ciudad llena de mugre, de caballos muertos de hambre cargando basura, de indigentes por doquier y de boyacenses apestosos y pulguientos. No hay derecho a darle bombo al ego a expensas de tener 100 ó 200 deportistas atracados, muertos por sobredosis de escopolamina o presentados como narcoantropofagoterroristas en un falso positivo. ¿Qué les vamos a decir a sus familias? ¿Que se sientan orgullosas porque murieron en la primera democracia de América? No señor, si esas pendejadas sólo le importan a los colombianos: una gentecita que no vale nada para el mundo.

Colombia no es un país para esos eventos. Nuestra infraestructura da grima y nuestra gente da risa. Ya Colombia es la sede perenne del campeonato mundial de coleo, del encuentro mundial de corralejas y del torneo mundial de turmequé, ya con eso le toca conformarse a esta pocilga.
¿De verdad alguien creyó que un poblacho hediondo como Bogotá le podría ganar a la bella y moderna ciudad de Toronto? ¡Es que ni a Lima le ganamos! Lima es más que Bogotá y Perú es más que Colombia. ¿Qué les íbamos a mostrar? ¿Monserrate? Hombre, ¿por qué seremos así?

Colombia, como buen país montañero y vulgar que es, trató de convencer a los jueces con lo más ridículo que se le habría podido ocurrir: con vallenatos. Con ése género "
musical" sólo se podría seducir a los pitecántropos que habitan nuestra costa atlántica. A esa gentecita que fornica con asnales, que vive permanentemente en chancletas, huelen a sudor y se expresan en un lenguaje animal que sólo sus congéneres comprenden. El costeño no es zoofílico pues la burra es de su misma especie, la que es cochina es la burra por dejarse coger de esos asquerosos.

Luego del cantantico aquel que ya parece un muñeco de ventrílocuo habló el Presidente (wow) del Comité Olímpico Colombiano.
¡Comité Olímpico Colombiano! Suena ridículo pero es cierto, eso existe en Colombia aunque nadie se explica para qué. Colombia a nivel olímpico es menos que a nivel social y humano: nunca gana nada y nuestros deportistas a duras penas alcanzan a descargar sus equipajes cuando ya están de vuelta en sus guetos. Sería más rentable invertir esa platica en las devaluadas acciones de Coltejer que perderla en deportistas mediocres y pasar vergüenzas aunque siendo colombianos la vergüenza ya es parte de nuestra identidad: cabezas agachadas y rostros compungidos, nuestro retrato.

Para cerrar la noche hablaron "El Pibe" Valderrama que no es más que una gloria doméstica de un fútbol que no representa nada en el mundo, el bobalicón Alcalde de Bogotá y el
narcoparamilitar que modifica la constitución y le consigue zonas francas a sus hijitos. Los jueces se hicieron los interesados y contuvieron con todas sus fuerzas las ganas de reírse a carcajadas en las caras de estos mantecos, dieron gracias a Dios cuando terminaron su perorata de folclorismos y dieron su veredicto: primero Canadá, segundo Perú y último, como siempre, Colombia, hasta luego, pecuecudos.

Ya me los imagino mostrando fotos de un ajiaco, de Transmilenio, de Monserrate, del parque de la 93, de la Luis Ángel Arango. Cosas minúsculas que este pueblo vulgar magnifica para seguir en el autoengaño; cosas que cualquier país tiene en mejor estado, en mayor proporción y que prestan un mejor servicio. No me quiero imaginar la cara de asombro cuando Canadá presentó su infraestructura: los mantecos de Colombia y Perú muertos de envidia y buscando atenuantes: ¡pero ellos no comen borojó! ¡Pero ellos no tienen el Salto del Tequendama!

Vuelve a triunfar el sentido común y eso se debe a que los jueces no eran colombianos. Colombia no va a ser la sede y su delegación volverá a presentar un terrible papelón en los juegos. Me parece muy bien, países como este no tienen derecho a un sólo y miserable segundo de alegría. Lo nuestro es el llanto, acostúmbrense.

Qué lindo sueño

11/07/2009

Fue un sueño muy hermoso, de verdad. Soñé que decapitaba a unos godos ultragodos que escribían propaganda narcoparamilitar en un blog pecueco de esos que suele tener Colombia aunque sus dueños crean que poseen un bien invaluable. Pero yo soñé con una decapitación real, real, real. No como esos embelecos fabricados por la CIA para que los occidentales más imbéciles (casi todos) le agarren ojeriza a los musulmanes. No, lo mío si era real: agarraba a los goditos escritores, les hablaba suavecito para que no se pusieran tensos, les rezaba tres rosarios, les proyectaba por video beam unas imágenes de Rafael Trujillo, de Mariano Melgarejo, de Agustín Morales, de Somoza y de otros de sus íconos para que se sintieran a gusto y luego ¡zas! Lentamente iba separando la cabeza del cuerpo mientras los godos en espera gritaban como campesinos sin tierra en una incursión paramilitar. Como dato curioso debo documentar para la ciencia que todos estos godos despreciables tuvieron una fuerte y notable erección cuando vieron la imagen de Pinochet.

Al terminar la degollina procedí a desnudar los despojos de esa escoria con el fin de alimentar a mis perros con sus carnitas y sus huesitos corriendo el riesgo de envenenar a mis canes con esos guiñapos de camanduleros y santurrones. Cuál sería mi sorpresa cuando al desnudar el primer cuerpo noté un cilicio fuertemente amarrado a un muslo y al voltear el amasijo encontré tatuada sobre una nalga la efigie del mayor criminal que ha producido la humanidad en toda su desafortunada existencia: George W. Bush. ¡Mierda! ¡Maté a Jaime Ruiz!

Jaimito, este sueño es premonitorio. Mejor te va que no coincidamos en ningún lugar de este mundo.

Nota al pie | Si ya una vez te saqué de la mocosfera puedo volverlo a hacer, godito hijueputa.

Pa afuera todos

11/05/2009

Si en algo estoy de acuerdo con el patriotico gobierno del prócer iluminado Álvaro Uribe Vélez es con su tésis de productividad acerca de las playas nacionales. Es imperativo entregarle a los privados el control de nuestra playas para que sus grandes capitales construyan hoteles dignos de un país desarrollado como Colombia. Y para que produzcan empleo, claro. Eso es lo más importante...

Para hacerlo es necesario deshacerse de esos molestos personajes que pululan en las playas acosando al turista para venderle cualquier baratija: los nativos. No es posible que en un país decente los habitantes de una región estén molestando a quienes no viven allí. Quienes no vivimos en la costa tenemos todo el derecho de
no ver a los habitantes de esas zonas máxime si son negros y pobres. La clase media colombiana no se merece la humillación de tener que compartir su espacio con esa gentecita sin ningunos modales y sin ningún pariente concejal.

Los
colombianos de bien no tenemos por qué soportar esa ignominia bochornosa. Si vamos a la playa estamos en todo nuestro derecho de embriagarnos, vomitar sobre la arena, prostituir a las hijas de los nativos, llenar las playas de latas de cerveza y jeringas y defecar en sus aguas. Que no nos molesten esos pelagatos con sus collares y artesanías de mal gusto. Ese lúmpen queda muy bien en sus barriadas, lejos de los sensibles ojos de nosotros los turistas que trabajamos duro todo el año para pasar una semana en las playas que por antonomasia le pertenecen a nuestros emprendedores industriales.

Los patriotas que han forjado la moral colombiana como Jorge 40, Rodrigo 00 y Varito 82 han procurado que nosotros los
colombianos de bien tengamos garantizada una vida sin pobres a la vista. Y no demoran en salir los fascinerosos terroristas de izquierda y de Derechos Humanos a ponerle trabas a esta noble iniciativa de progreso, pero yo, precavido como soy, me voy a adelantar a sus argumentos deleznables:

Argumento de la izquierda terrorista colombiana: ¿Cómo así? ¿Ellos viven allá y se tienen que esconder para que los turistas no los vean?

Claro, no pretenderá usted que recibamos a los judíos y a los italianos con una negra mal vestida que carga un perol lleno de basura sobre su cabeza y vocifera unos gañidos ininteligibles. No señor, a nuestras playas hay que ponerles clase, garbo, altura. Que los empleados bancarios que pagan sus vacaciones con sus cesantías se sientan a gusto.

Argumento de la izquierda terrorista colombiana: Pero ellos viven allá, nacieron allá y los turistas no. ¿Cómo es eso que los nativos no pueden entrar a las playas donde nacieron?

Ellos pueden entrar, lo que no pueden es vender nada. La venta de artesanías está restringida únicamente a empresas formales como Salvarte que producen empleo, ayudan a las comunidades indígenas y ponen el nombre Colombia muy en alto.

Argumento de la izquierda terrorista colombiana: ¿Y entonces qué piensan hacer con las miles de familias que viven del comercio informal en las playas?

Los vendedores ambulantes que acepten ser reubicados en una zona rural a 180 kilómetros del mar, que se legalicen en el régimen común, declaren IVA y renta y produzcan más de 100 empleos directos podrán acceder a créditos blandos con intereses del 38% E.A. Aquellos que persistan en su idea de comerciar sin participarle al fisco serán perseguidos, judicializados y sobre ellos caerá todo el peso de la ley.

Argumento de la izquierda terrorista colombiana: Pero es que esos nativos son quienes mantienen las playas en buen estado y recogen los condones, las bolsas de perico y los cadáveres que dejan los turistas.

Eso ya lo tenemos cubierto. En adelante será
Residuos Ecoeficiencia la empresa encargada del aseo de las playas colombianas. Como ustedes saben Ecoeficiencia es una empresita privada creada por un par de hermanitos emprendedorsitos que a puro pulsito y por mérito propio han logrado crear un imperito financierito a sus cortos 30 añitos de edad. ¿Quiénes mejor que ellos para mantener las hermositas playitas colombianitas en condiciones higiénicas, sin tricomonitas ni gonocoquitos? Que la gentecita de bien se pueda broncear sus carnitas y sus huesitos libres del riesgo de contraer una sífilis, una blenorragia o el mal marxiano del comunismo internacional.

Yo estoy de acuerdo con todo esto. Que esos nativos feos y olorosos se vayan de las playas. Tienen toda una ciudad para ellos pero que por favor se alejen de los centros comerciales, los hoteles y los sitios de interés turístico. Que sean los emprendedores colombianos registrados en Cámara de Comercio quienes se beneficien de los millones que genera el turismo. Faltaba más que esta negramenta sin RUT se quisiera aprovechar del carnaval de billetes que nos ha dado la Seguridad Democrática. ¡Chite, negros feos!